¡Ahoy! ¿Cómo están hoy? Espero que muy bien y con ganas de adentrarse a la aventura que les tengo para hoy. ¡Vení, dale, viajá conmigo!

Introducción al Salto.

Hacía como 10 años o más que quería hacer salto en swing o bungee jumping no obstante no lograba dar el primer paso hasta que la opción se convirtió en sí o si. Había llegado el momento y no se permitía ninguna excusa. Era un momento clave, tirarme al vacío, confiar, soltar, creer.

Tome la decisión y salté. Con el salto llevé a cuestas mis miedos para desparramarlos y dejarlos ahí para que se desintegren en el olvido en aquella aventura. Saltar para soltar.

Directo, sin miramientos, en un paso, en un click, así nomas, saltas y estas abajo. Bueno, no, son como 10 segundos pero me refiero a que no tenes tiempo ni de pensar porque ya tenes que saltar pero a su vez, te pensas de todo. Mágico, aventurero y poderoso.

¡Desde abajo!

¿Que es el swing?

El salto en swing es como un columpio gigante que te hamaca a determinada altura en un determinado escenario. Estas colgado por arneses y cuerdas. Podes estar sujetado de varias maneras según el tipo de swing. Se diferencia del Bungee jumping y del Puenting en que en estos caes boca abajo y tienen un rebote pendular pero no se mecen.

Otra diferencia es que el mecanismo del swing te impulsa para que puedas balancearte, es decir, que las cuerdas a las que estas sujeto/a ejercen presión y forzosamente te arrastran al salto.

¡A los hechos!

Me encontraba haciendo un voluntariado en Durban, Sudáfrica, en la región de los Zulúes, la provincia de KwaZulu-Natal, cuando me escapé un fin de semana a contemplar el Cañon Oribi Gorge. Yo ya sabía que allí se hacia el salto en swing y fui especialmente para, por fin aventurarme a aquella tarea que no fue fácil.

Oribi Gorge

Recuerdo que llegamos a la mañana pero no fue hasta última hora que me animé al salto. Pasamos todo el día viendo como otros se animaban a tirarse, con o sin miedo, con o sin gritos. ¡Incluso niños y niñas de 10 años! Pero yo no me animaba aún. Llegaban, se preparaban, saltaban y se iban. Los veía entrar con miedo y salir sonrientes. Es una sensación única, repetían. Y verdaderamente lo es.

Alguna vez alguien me dijo que no tenía que mirar más allá, que me enfocara en lo que venía inmediatamente, es decir, un paso a paso. Construir, disfrutar del momento. La adrenalina, el miedo, la ansiedad, estaban allí presentes. Era un reto, un desafío.

Como sea, esperé hasta el último minuto de la tarde. La mañana calurosa había devenido fresca, con un cielo cubierto de nubes y había comenzado a lloviznar. Ya no quedaba nadie, eran los últimos 3 que saltaban, el parque estaba por cerrar.

La copa de vino en el almuerzo me ayudó a aflojar los pensamientos y me definí con un sí rotundo. Pagué el ticket. En ese momento me tranquilicé increíblemente.

¡A saltar!

Me dirigí al lugar del salto. Me colocaron el arnés para arrimarme al precipicio. Faltaban 2 para tirarse antes que yo. A tal punto, me encontraba haciéndome la superada, estaba calma pero emocionada aunque no quería pensar en el salto, solo en disfrutar de la adrenalina que comenzaba a asomar otra vez. 

Llegó mi turno. ¡El corazón! ¡Cómo repiqueteaba! Aun hoy, a más de un año del salto, escribiendo estas lineas, comienza a latir recordando el momento. El chico que trabajaba allí, se sentó conmigo en la cornisa y me explicó muy calmadamente todo lo que pasaría y lo que tenía que hacer. (Es importante sentirse segura/o.) 

A continuación dijo: – Bueno, es hora. ¡Cómo explicarles que se me frunció todo en un segundo! En ese instante me pasó de todo por la cabeza: cancelo todo, empujame que no salto, me muero, me meo, me desmayo. Y yo impulsada por el temor, por las ganas, por la emoción, caminaba, jalada por esa cuerda hacia el suelo que se encontraba ¡a 165 metros allá abajo! (uuuf) A la cuenta de tres: 1, 2, 3 … ¡¡¡aaaaaaaaaaaaaaaahhhh!!!

Esos 5 segundos antes de saltar, esos pasos que me acercaban al precipicio, el salto propiamente dicho y los 3 primeros segundos de caída libre fueron de máxima adrenalina y, porque no, de terror. Y si, es como una situación límite. Me temblaba el cuerpo, me sudaba todo. No recuerdo si pensé en algo o en todo a la vez. Una cosa medio rara.

saltando

Durante el Salto.

Todo en el interior para sacar al exterior. Brindé un concierto de gritos. Grité fuerte, con ganas, a propósito. Estos momentos ayudan a descargar. Grité como loca, lo sé y me encantó. ¿Quién no quiere gritar así en algunos momentos? Somos seres tan rutinarios, tan estructurados, tan de fábrica que romper con ese esquema te libera. Absolutamente fantástico. Quería (y quiero) más.

Después reí, si, también como una loca, con los pelos embravecidos, despeinados al viento, con la adrenalina a tope, con las ansias, la satisfacción, la experiencia, la valentía. Me sentía potente, grande. Qué placer es sentir, sentirse vivo.

 

Así que ¡Ánimo! ¡A viajar! y a recordar que viajar es estudiar, es aprender y conocer, es magia, es terapia, ¡viajar es todo! ¡¡¡A disfrutar!!!

¿Tenes dudas? ¿consultas? ¡Pues acá estoy! ¡escribime! ¡Nos vemos en la próxima aventura! y no se olviden: ¡viajar fortalece!

¡Abur! y ¡gracias!

Saludos con hermosa energía 😊


viajera cósmica

Hola! soy esa que viaja para aprender, para conocer, para disfrutar. Soy esa que se inspira del mar, de la montaña, de cada ciudad y cultura.

1 comentario

Anónimo · 09/05/2020 a las 10:17 am

Oribi Gorge the highest swing free fall jump in the world…won’t forget that day… awesome…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.